Repensando la educación superior…

La Educación Superior Colombiana ha estado en crisis en los últimos años y más precisamente desde 2016. Las personas han abandonado o no han ingresado a estudiar ni carreras técnicas, tecnológicas, profesionales o posgrados. A pesar de los discursos sobre la transformación del sector en los últimos 20 años, y su compromiso en implementar medidas impuestas desde diferentes organismos internacionales, con su correspondiente adaptación a los contextos latinoamericanos y las condiciones propias del país, no logra mejorar dos aspectos clave: la masificación de la educación superior y la excelencia académica internacional, todo esto manteniendo un equilibrio financiero para no sobrecargar los costos de las matriculas de quienes todavía estudian o los recursos públicos que todos pagamos en impuestos con cargas tributarias extremadamente pesadas para nuestras capacidades económicas.

Algunos datos importantes sobre la masificación de la educación superior para tomar en consideración. El número de estudiantes matriculados ha mostrado un comportamiento fluctuante pero creciente según cifras publicadas por el Ministerio de Educación Nacional para el periodo 2000-2018. Este aumento de estudiantes es aproximadamente un 5% promedio anual. Si la población muestra un crecimiento promedio anual del 1% para el mismo periodo, podríamos afirmar que ¿Hemos logrado el objetivo? La respuesta es un rotundo NO. Porque el número de instituciones tanto oficiales como privadas también se incrementó pero en un 15%. El número de instituciones de educación superior oficiales pasaron de 68 a 78 mientras que las privadas pasaron de 167 a 191. Por consiguiente, los estudiantes están dispersos y los recursos percibidos no dan.

Aunque las instituciones de educación superior colombianas no son buenas en temas de gestión y tampoco comprenden las realidades del mercado, si son afectadas y reaccionan ante la presión como cualquier otro tipo de negocio. Si hay más competidores en un sector o industria y no logran ampliar el mercado para mantener sus cuotas de participación, es decir, al pueblo estudiando, tendrán que jugar con sus procesos internos:

  • Atraer estudiantes o evitar la deserción con estrategias como páganos que aquí te regalamos el título o el más tradicional de los eslogan que los propios estudiantes hacen de sus instituciones: “esto es un hueco pero después lavo el título con un posgrado”. Eso, si la institución logra asegurarle algún tipo de empleo, el cual ha venido decreciendo en un 4% promedio anual (2000-2018).
  • Pero también cuentan con la otra opción que es mantener una nómina de profesores mal pagados, sin dinero para mejorar sus competencias, o por lo menos una buenas y sobretodo desmotivados.

Ambas combinaciones son peligrosas porque afectan el segundo objetivo que en realidad es uno de los más importantes: la excelencia académica internacional. En principio, esto es lo que abre las posibilidades laborales a los profesionales colombianos, en cualquier sector, en cualquier parte del mundo. Así que el tema es mucho más complicado para quienes no pueden estudiar en buenas universidades, que según la QS World University Ranking serían la Universidad de los Andes (puesto 234 a nivel mundial), la Universidad Nacional de Colombia (253), la Pontifica Universidad Javeriana (468), la Universidad Externado de Colombia (480) y la Universidad Pontifica Bolivariana (551).

El único camino a seguir para compensar la balanza es concentrar a los estudiantes en un conjunto de instituciones de educación superior que demuestren excelencia académica. Los costos de mantener instituciones con un bajo numero de estudiantes puede compensarse, reduciendo el número de instituciones y buscar así su eficiencia financiera. Por ejemplo, en el caso de las instituciones oficiales, podríamos tener UNA SOLA gran Universidad Nacional con una verdadera presencia en todo el territorio no solo en 9 municipios fáciles. Entonces, la educación superior pública pasaría de 1´173.545 estudiantes a 2´483.321; así mismo, el número de profesores aumentaría en un 21% del tamaño de nómina actual de las 78. Los programas estarían escalonados por nivel académico para no afectar sus indicadores internacionales. Finalmente y lo más importante, los ahorros en recursos públicos por los 77 salarios de rectores que ya no se necesitarían, así como 77 decanos de administración o 77 decanos de cualquier cosa… solo 1.

No conozco a ningún estudiante que no estaría feliz con la idea de graduarse de la Nacional, así como no conozco a ningún profesor que no estaría feliz trabajando para la Nacional. En este momento de cuarentena, debemos repensarnos como país,: ¿Qué sobra? acaso el poder legislativo, ¿Qué podemos mejorar eficientemente para todos los grupos de interés? acaso la educación superior pública..

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Publicado por Stella Domínguez

Gerente de mercadeo y gestora de proyectos de exportación, con más de veinte años de experiencia en la gestión de organizaciones de servicios. Profesora en varias universidades colombianas públicas y privadas. Profesional en Comercio Internacional y Magister en Administración, especialista en Pedagogía y Docencia Universitaria. Analítica e innovadora, reconocida por resolver problemas con pensamiento crítico, identificar patrones de comportamiento para la toma de decisiones y liderazgo para motivar a las personas. Ganadora dos años consecutivos del concurso Experiencias Significativas 2018 y 2019.

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